No nos escuchan porque el contexto sociocultural, mediante películas, series y tertulias televisivas, se ha encargado de enseñarles que lo que ellos tienen que compartir es sumamente importante, mientras que lo que nosotras tengamos que decir será accesorio, pasable, irrisorio, como si nuestra palabra no fuese del todo legítima. Paul B. Preciado habla de la imaginación como fuerza de transformación política, y yo fantaseo con un mundo donde los hombres callen más que hablen, observen más que opinen, escuchen más que sermoneen.
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