Desterrar al macho no es inventar una masculinidad nueva en la que seas más feliz, sino desterrar cualquier tipo de poder y violencia. Llámalo como quieras, pero no nos tratáis como iguales. Y el problema no es que nosotras señalemos violencias, sino que respondas con más violencia cuando lo hacemos. Porque negarlo y decir que te sientes atacado, también es violento.